jueves, 10 de junio de 2010

El drama de un mundo de tecnologías aisladas

Estamos construyendo un mundo tecnológico de islas mal comunicadas. En el tiempo en el que defendemos el mestizaje de razas y culturas, la tecnología y la comunicación se sumergen cada día más en un conjunto de ecosistemas que hablan idiomas distintos. Son universos no solo diferentes, sino que buscan intencionadamente no entenderse. Es la ley de la lucha por el mercado, en el que el usuario vale cada vez menos. Sí, se busca la mejor usabilidad, el menos peso de los dispositivos, las mejores gráficas, la mejor portabilidad, la mejor visión, el mejor sonido, etc. Pero todo ello solo en aras de ganar cuota de mercado. Entre todos nos hemos olvidado de que los usuarios son personas, con roles diferentes en distintos momentos del día; que además nos relacionamos con otras personas y viajamos a lugares más o menos remotos. Una de esas personas, usuaria de uno de esos ventajosos sistemas cerrados durante su tiempo de trabajo, gusta de llegar a su hogar y escuchar música en otro sistema cerrado; sale con sus amigos y comparte información pero ellos tienen otros sistemas cerrados; viaja profesionalmente y encuentra a otras personas que utilizan otro sistema cerrado. Es la realidad dramática del salvaje oeste tecnológico, en el que cada vez tiene menos valor la estandarización.
Además, en este mundo, los que desarrollaban herramientas que servían para exportar datos, contenidos o servicios de una a otra plataforma han terminado por agotarse hartos de perder batallas continuamente. Por eso, cada día el usuario, las personas que consumen tecnología, se enfrentan a la agotadora aventura de llevar sus contactos telefónicos de un terminal a otro con el que no se entiende; de traspasar su música de un reproductor a otro con el que no existe correspondencia; o de tratar de restablecer sus relaciones en las redes sociales cuando cambia de dispositivo. Aquellos desarrolladores de herramientas cross han ido perdiendo la paciencia y finalmente la guerra con los grandes emperadores de esta era.
Es paradójico también que todos quieran ser multi. Multitarea, multidispositivo, multimedia y multicanal. Pero pocos quieren que sus productos sean multiplataforma. Y es además porque los servicios los gestionan los dueños de esas mismas plataformas, sin interés obviamente por hacer que viajen de una a otra.
Por todo ello los grandes perjudicados son los usuarios pero también los fabricantes de contenidos. Las factorías de producción, los medios de comunicación y los distribuidores, tienen el reto de colocar su producto en mil formas distintas. El ejemplo de la Web es uno de los muchos que se podrían poner, donde un sitio debe tener una salida no solo para los distintos navegadores, sino también para el Iphone, Ipad, Android, televisores de gran formato, PS3, Xbox, etc. Con la música o con el video ocurre lo mismo. Podemos gestionar nuestras librerías con Itunes para nuestro Ipod , con Windows Media Player para el Zune y con PcSuite para nuestro Nokia. Nuestros mapas son de Navteq en el automóvil y de Google Maps en nuestro dispositivo de mano. Es decir, un escenario agotador sin lugar a dudas.
¿Por qué ocurre esto? Pues muy sencillo. Nadie piensa en el usuario sino en su cuota de mercado. Y los que podían desarrollar plataformas transversales no están en la batalla. La facilidad de uso y la practicidad se han perdido en aras de la lucha entre plataformas.
Eso sí, estoy convencido de que en un futuro, no próximo, reinarán otra vez las personas ante las empresas. Quizás en este tiempo de redes sociales e intercomunicación nos hayamos olvidado de lo realmente importante: el individuo.